lunes, 23 de octubre de 2017

Tatuajes, kilos recuperados que fueron eliminados y Citalopram

4 meses y días pasaron desde mi última entrada, y no se imaginan todo lo que viví durante ese tiempo. 

Julio estuvo bien; vino a verme mi novio el día antes de mi cumpleaños y se quedó por cuatro semanas. En esos días la muerte se llevó a mi querida abuela Paulina, y el apoyo de él fue tan oportuno y sanador que jamás voy a terminar de agradecerle. También me hice mi segundo tatuaje tradicional dedicado a mi provincia y a Neck Deep, una de las bandas pop-punk que más cariño le tengo.
Sin embargo, él estando acá, aumenté como cuatro kilos.

Agosto... más o menos. La ausencia de mi novio al principio era insoportable; me la pasaba llorando, viendo fotos y videos, y hasta volvía a los lugares que solíamos ir para recordar esos momentos. Tampoco fui al recital de This Wild Life en Buenos Aires, pero, mi novio siendo el mejor del mundo, fue al hotel donde se hospedaban Anthony y Kevin y les dio una carta que yo les había escrito a ambos. A la otra semana me volví a tatuar en honor a ellos: un paraguas y arriba ''No more bad days'' con la letra de Kevin.

Septiembre, meh. Ni me acuerdo qué pasó en Septiembre. Lo único a destacar es que me tatué a John O'Callaghan, cantante de The Maine y la persona que más me inspira en el mundo.

Octubre fue una reverenda mierda porque empezó con mi fallido intento de suicidio.
El Lunes 3 de Octubre al mediodía tomé todas las pastillas que guardaba en mi caja y al rato me encontró mi vieja y me llevó al hospital. Al otro día ya estaba en un auto con mi hermana y mi viejo yendo a otra ciudad, ya que en la que yo vivo no hay ninguna psiquiatra para que ''me trate''.
Hace tiempo Ana (mi psicóloga, qué ironía) me decía que debía ver a un psiquiatra, pero yo realmente no lo creía necesario. Aunque después de todo lo que pasó ese Lunes y su visita a mi casa ese mismo día para hablar con mis viejos, hizo medio caerme la ficha de que tal vez sí era necesario.
Ángeles, mi psiquiatra, me cayó bien. No es alguien de cuerpo perfecto así que me sentí cómoda a su lado. Y de hecho, horas más tarde me enteré que ella no trabajaba los Martes, y que sólo fue a su consultorio a verme a mi todo gracias a mi viejo. No sé si debería sentirme agradecida o una idiota enferma.
Ángeles me medicó con Citalopram, el cual es un anti depresivo. Supuestamente tendría que ayudar con las voces, pero no lo hace. Sólo me estoy comiendo todos los efectos secundarios por el momento. Hace unos días me clavé como tres pastillas en una para ver si funcionaba, pero no, ni eso. De todos modos la vuelvo a ver el Lunes que viene y espero que me medique con algo más fuerte o lo que sea.

Hoy, 23 de Octubre vivo a base de Citalopram, agua y mentitas DRF (las amo, gracias por existir). Antes seguía comiendo y vomitando, pero me di cuenta que si lo hacía también vomitaba las pastillas y no tenía nada de sentido tomarlas. Así que se podría decir que dejé a Mia de lado y Ana volvió, en forma de pastillas. Y, sobre eso, estoy feliz. Hace tanto tiempo que no veía esos números en la balanza y para final de semana ya tengo que estar dentro de los 50 y algo de kilos.



Eso es todo por ahora, gracias por leerme. :)